Memo Ochoa, portero del América

Hola amigos. Créanme que intenté no tomar en cuenta el tema del que platicaré con Ustedes ahora, pero me ganó la indignación.

 

Me refiero a un asunto que puede parecer una nimiedad frente a los problemas por los que atraviesa el país, pero que al analizarlo más a fondo es preocupante.

 

Hace unos días el joven portero Memo Ochoa (del América, para más señas) abrió la boca y activó un nuevo capítulo en una polémica añeja: expresó que los directivos del futbol mexicano deberían limitar la cantidad de jugadores extranjeros nacionalizados que deben integrar la selección de nuestro país.

 

Insisto, este podría parecer un tema menor, en el que el comentario sería ¡Ah, pobre Memo! No rebuzna porque no se sabe la tonada y cosas así.

 

Pero lo sorprendente es la cantidad de personas que se han subido al carrito de la declaración y opinan que sí, que Memo ha hecho muy bien y, casi, casi, es un niño héroe al enfrentarse a los todopoderosos hombres “de pantalón largo” (frasezota común para referirse a los directivos) y exigir el derecho a que nuestros “muchacheeeeees” tengan el lugar que merecen en “la verde”

 

¿Sabe por qué me sorprende todo esto? Porque si a alguien en Alemania, Francia, España o Inglaterra se le ocurriera decir semejante babosada, ya lo estarían metiendo a la cárcel por emitir un discurso racista, xenófobo y discriminatorio. En cambio en México, ya le digo, hasta le aplauden y le echan porras.

 

¿Quiere que le cuente por qué pienso que es preocupante? Porque pone en claro que seguimos escudándonos en la palabra nacionalismo para atacar a los que son distintos, los que son mejores, o los que tienen más capacidad. Otra vez la idiosincracia del mexicano: la filosofía del pretexto, la justificación ante la flojera, la incapacidad …o la estupidez.

 

Si volteamos hacia atrás, ese mismo discurso lo usó un loco en Alemania, en la década de los 30’s para poner a toda una nación en contra de una minoría, convenientemente escogida para culparle de todos los problemas políticos, económicos y sociales de ese país, en vez de analizar razonablemente la manera de combatir esas carencias.

 

Ese loco se llamaba Adolfo Hitler.

 

Al mismo tiempo me parece brillante la respuesta que, palabras más o palabras menos ha emitido en corto el técnico sueco Sven Göran Ericcson: Quieren que haya más “auténticos” mexicanos en la selección? Simple: jueguen mejor.

 

Un par de reflexiones:

 

1 La Constitución no establece diferencias entre mexicanos nacidos aquí o naturalizados. Todos, independientemente de la forma en que consiguieron el gentilicio, son eso: Mexicanos. Sin adjetivos. Pero con todas sus letras.

 

2 En el mundial de Francia 1998, la selección de ese país fue atacada porque muchos de sus integrantes eran naturalizados. Es decir, provenían de otras naciones, algunas de las cuáles fueron colonias francesas décadas atrás. Sus padres o abuelos fueron en unos casos inmigrantes y en otros hasta esclavos.

 

Esa selección se alzó campeona del mundo, comandada por Zinedine Zidane, de quien Pelé ha dicho que es uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

 

Zizou (así le dicen) es francés, descendiente de argelinos.

 

LA DE HOY: Era el Fiscal de Hierro de la PGR. Hoy está preso por (dice la acusación) peculado, asociación delictuosa, ejercicio ilegal del servicio público y abuso de confianza en agravio del patrimonio del estado. ¿Mañana, quién seguirá? ¿Qué puesto tiene hoy?

 

Postdata: A partir de hoy, le dejamos con LA ENCUESTA.